miércoles, 14 de octubre de 2009

La fórmula del poder

Hoy en día de acuerdo al rol que se desempeña es de mucho interés dado a lo que puede generar y darle paso a situaciones conflictivas que perjudican el alcance de los logros. Muchas veces es tan nefasto cuando no se puede manejar el poder, se abusa de ello, dando paso a resultados negativos, especialmente en algunos líderes de gobierno.


Las organizaciones requieren de un liderazgo que sepa manejar adecuadamente el poder, de tal forma, que todos se sientan partícipes en el compromiso de alcanzar metas, logros, sin sentirse presionado. En donde el líder se suple en los afanes personales del seguidor y este, a cambio, le otorga el poder. Esto lo mencionan Benis y Nanas (Leaders, Harper & Row, 1985), el liderazgo es en cierto sentido un empoderamiento del líder apoyado en una cultura de estar orgulloso de que se va estableciendo entre la masa de seguidores.


El poder de liderazgo no nace de la protestas del cargo, ni de pequeñas y concretas dependencias que el líder genere en los de abajo; lo que hace, más bien con los de abajo es seducirlos. Es decir, que el propio liderazgo es, si acaso, una gran dependencia del seguidor respecto del líder. El Liderazgo actúa a modo de un filtro, de elíxir mágico: Es una gran seducción, como lo señala Ginebra. André Maurois, en sus “Diálogos sobre el mundo”,(editorial Siglo XX, Buenos Aires), nos relata cómo un Napoleón no se hace obedecer por temor.


Napoleón no era severo; no era, incluso, suficientemente severo. En cuanto a Turena, su ejército era el modelo de una perfecta república. Nadie se apercibía ahí, del mando ni de la obediencia. Cada uno conocía su deber y lo que hacía era por deseo de agradar al general, y por un sincero afán de gloria, que se transmitía desde el jefe hasta los más simples soldados. Se trabajaba por amor al Mariscal. Cuando se sabía que había de visitar los trabajos de un puesto, de una carretera, se apresuraban a terminarlos por el placer de verle satisfecho.


Definitivamente, un buen líder en las organizaciones del presente le da a la conducción de una organización una mayor riqueza, una mayor prestancia, mezcla todo y aprovecha todo y todo lo refuerza con todo, está siempre atento, no puede darse el lujo de desaprovechar las oportunidades, reforzar las debilidades y velar porque sus seguidores satisfagan sus necesidades. Jamás hace uso excesivo del poder y menos cuando ello en vez de darle paso a la unión puede generar fracturas que a la larga causan serios problemas.

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