La autoridad y Manejo del poder:
“Los primeros gobernantes surgieron de la necesidad de la sociedad por ser regulada: sin embargo, el poder otorgado a aquellos que sobresalían generó abusos por parte de quienes buscaban mayores beneficios sin importar el precio”.
Vicente F. de Bobadilla
Introducción:
A cada tipo de sociedad corresponde uno de autoridad (Weber); la autoridad representa el poder institucionalizado y oficializado. Poder implica potencial para ejercer influencia sobre otras personas, Para Weber, poder significa imponer la propia voluntad dentro de una relación social. El poder por lo tanto es la posibilidad de imposición por parte de una persona sobre la conducta de otras.
La autoridad proporciona el poder, tener autoridad, es tener poder, aunque tener poder no siempre significa tener autoridad, la autoridad depende de la legitimidad, este es el motivo que explica por qué un determinado número de personas obedece las órdenes de alguien, confiriéndole poder.
Esa aceptación, esa justificación del poder se llama legitimación. La auto¬ridad es legítima cuando es aceptada. Si la autoridad proporciona poder, el poder conduce a la dominación. Dominación significa que la voluntad manifiesta (or¬den) del dominador influencia la conducta de los otros (dominados) de tal forma que el contenido de la orden, por sí misma, se transforma en norma de conducta (obediencia) para los subordinados. La dominación es una relación de poder en la cual el gobernante (o do¬minador), o la persona que impone su arbitrio sobre las demás, cree tener el derecho de ejercer el poder, y los gobernados (dominados) consideran su obligación obedecer las órdenes. Las creencias que legitiman el ejercicio del poder existen tanto en la mente del líder como en la de los subordinados y determinan la relati¬va estabilidad de la dominación. Weber establece una tipología de autoridad, basándose no en los tipos de poder utilizados, sino en las fuentes y tipos de legiti¬midad aplicados.
La dominación requiere de un aparato administrati¬vo, es decir, cuando se ejerce principalmente sobre una gran cantidad de personas y un vasto territorio, necesita personal administrativo para ejecutar las ór¬denes y servir como punto de conexión entre el gobier¬no y los gobernados.
Desarrollo:
Hoy en día de acuerdo al rol que se desempeña es de mucho interés dado a lo que puede generar y darle paso a situaciones conflictivas que perjudican el alcance de los logros.
Muchas veces es tan nefasto cuando no se puede manejar el poder, se abusa de ello, dando paso a resultados negativos, especialmente en algunos líderes de gobierno.
Las organizaciones de la actualidad requieren de un liderazgo que sepa manejar adecuadamente el poder, de tal forma, que todos se sientan partícipes en el compromiso de alcanzar metas, logros, sin sentirse presionado. En donde el líder se suple en los afanes personales del seguidor y este, a cambio, le otorga el poder. Esto lo mencionan Benis y Nanas (Leaders, Harper & Row, 1985), el liderazgo es en cierto sentido un empoderamiento del líder apoyado en una cultura de estar orgulloso de que se va estableciendo entre la masa de seguidores.
El poder de liderazgo no nace de la protestas del cargo, ni de pequeñas y concretas dependencias que el líder genere en los de abajo; lo que hace, más bien con los de abajo es seducirlos. Es decir, que el propio liderazgo es, si acaso, una gran dependencia del seguidor respecto del líder. El Liderazgo actúa a modo de un filtro, de elíxir mágico.
André Maurois, en sus “Diálogos sobre el mundo”, nos relata cómo un Napoleón no se hace obedecer por temor, su ejército era el modelo de una perfecta república. Nadie se prevenía ahí, del mando ni de la obediencia. Cada uno conocía su deber y lo que hacía era por deseo de agradar al general, y por un sincero afán de gloria, que se transmitía desde el jefe hasta los más simples soldados. Se trabajaba por amor al Mariscal. Cuando se sabía que había de visitar los trabajos de un puesto, de una carretera, se apresuraban a terminarlos por el placer de verle satisfecho.
Los primeros jefes surgieron hasta que las sociedades tuvieron necesidad de ellos. Sin embargo, ausencia de mandos no sig¬nifica falta de poder: en las comunidades pequeñas, donde todos compartían el trabajo, víveres y bienes, algunos indivi¬duos comenzaron a destacar por contar con virtudes que los convertían en figuras de referencia dentro de la tribu. Podía ser su capacidad para resolver problemas o su habilidad para conseguir suministros. Estos fueron considerados como lideres, aunque caren¬tes aún del concepto de autoridad, pues el respeto del que gozaban no se traducía en ningún puesto superior en la escala so¬cial porque ésta todavía no existía. Daban consejos, no órdenes.
Fue este respeto el que lo situó en prime¬ra fila cuando aparecieron las estructuras iniciales de poder, las cuales no llegaron impulsadas por cambios radicales en las sociedades, sino más bien por su creci¬miento. Esto es lo que ocurrió cuando las tribus comenzaron a formar grupos de mayor tamaño y se dedicaron a la agricultura y la ganadería, que permitían aumentar la cantidad de alimento disponible hasta el punto de que, por primera vez, tenían excedentes para almacenar. Guardar y distribuir esa comida era una responsa¬bilidad que no se podía encomendar a cualquiera: recayó en los hombres más respetados, acción que deposi¬tó en sus manos el primer elemento de poder.
Los nuevos líderes no tar¬daron en gozar de dere¬chos distributivos sobre una cantidad de exce¬dentes cada vez mayor. Obviamente, seguían cumpliendo con su labor de repartirlos entre la población en tiempos de escasez, pero en las épocas de abundan¬cia había alimento suficiente para intercambiarlo por trabajos o bie¬nes específicos como ropa, fabri¬cación de embarcaciones
o vasijas, entre otros. En algún momento de este proceso, la 'obligación' de repartir víveres dejó de consistir sólo en su custo¬dia y repartición, lo cual contribuyó a subrayar la diferencia entre los líderes y los demás.
El liderazgo involucra a otras personas; los miembros del grupo por voluntad aceptan las órdenes del líder, ayudan a definir su posición, sino hubiera a quien mandar, las cualidades del liderazgo serían irrelevante.
Liderar implica una distribución desigual del poder entre los líderes y los miembros del grupo. Los miembros del grupo no carecen de poder; pueden dar forma a las actividades del grupo de distintas formas. Liderar implica la capacidad de influir en la conducta de los liderados de diferentes maneras y a lo largo de la historia se ha podido observar que los liderados pueden llegar hasta el sacrificio. Liderar implica valores y requiere que el líder sea moral para poder ser un modelo por el cual trabajar y luchar por parte de sus seguidores.
Definitivamente, un buen líder en las organizaciones del presente le da a la conducción de una organización una mayor riqueza, una mayor prestancia, mezcla todo y aprovecha todo y todo lo refuerza con todo, está siempre atento, no puede darse el lujo de desaprovechar las oportunidades, reforzar las debilidades y velar porque sus seguidores satisfagan sus necesidades. Jamás hace uso excesivo del poder y menos cuando ello en vez de darle paso a la unión puede generar fracturas que a la larga causan serios problemas.
Esto nos lleva a pensar que teniendo en una sola persona tanto poder como autoridad podemos encontrar a los líderes de hoy en día y todos los tiempos. El líder es un producto no de sus características, sino de sus relaciones funcionales con individuos específicos en una situación específica y en una cultura específica.
Las habilidades y características que el nuevo entorno empresarial demanda de los lideres es que posean una preparación diferente .Conocimiento de más de un idioma, estudios universitarios, conocimientos de informática y capacidad de comunicación para ser exitosos y competitivos.
El líder de hoy debe interactuar con el medio, dirigir con eficiencia .ser estratega, organizador y proactivo.. entre sus cualidades personales deseables:: vivir según sus principios, visión, conocimiento, inteligencia, creatividad, abierto al aprendizaje, originalidad, decisión, ejecutividad, perseverancia, voluntad, seguridad, presencia, identidad, carisma, firmeza, estabilidad emocional, valentía, independencia, tolerancia a la incertidumbre y a la ambigüedad, vitalidad.
Bibliografía:
Idalberto Chiavenato, Introducción a ala teoría general de la administración, Mc Graw Hill, Séptima edición
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